Hay gestos que construyen destinos. En el fútbol, con su simbolismo, el jugador percibe el gesto, en el momento y el contexto. También lo percibe la gente. Por eso, en el caso de Lionel Andrés Messi, es tan difícil pensar en él sin evocarlo dando saltitos con una túnica negra por sobre la camiseta argentina, con la Copa del Mundo en la mano y rumbo al plateau donde lo esperaban sus compañeros.
En La inmortalidad, Milan Kundera describe cómo todo comienza con una imagen (una mujer levantando el brazo en la piscina) y una dama llamada Agnes. En la historia de Messi, es ese gesto con la Copa del Mundo, tan sencillo y fugaz como simbólico y trascendental, lo que marca un momento y lo convierte de manera indiscutible en el mejor jugador de fútbol de todas las épocas.
Kundera advierte que la inmortalidad no es la eternidad física, sino la obsesión por ser recordado, por permanecer en la memoria de otros, en el relato colectivo. Leo Messi, en Qatar, sintió que lo había logrado. Por eso después eligió ir a jugar a Estados Unidos, para salir del foco y planificar su futuro. Aun así, cerca de cumplir los cuarenta años (nació en 1987), sigue disputando finales e intentando conseguir títulos. Para sorpresa de muchos, en la MLS, continuó vigente sumando goles, asistencias y récords, pero lo más importante de todo es que impuso condiciones nuevas: llenó estadios, multiplicó audiencias y convirtió un torneo periférico en un fenómeno global. En Estados Unidos su vigencia futbolística es real, no simbólica.
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Kundera insiste en que la inmortalidad se mide en la mirada de los otros y la pregunta es: ¿qué pensamos hoy sobre Messi? Que es un futbolista que resiste a base de inteligencia y que se ha reinventado constantemente: del dribleador precoz en el extremo a perfil invertido, pasando por el falso 9 hasta llegar al arquitecto del juego colectivo que, de tanto en tanto, llega a definir. En este caso no es de Kundera, es kafkiano el concepto literario de metamorfosis.
Al día de hoy, ganó ocho Balones de Oro, cuatro Champions, un Mundial y más de cuatro decenas de títulos que lo blindan como la cabra, “The GOAT (Greatest Of All Time)”. La biografía ya está escrita. Más allá de lo que ocurra en unas horas, en la madrugada del domingo al lunes, cuando juegue la final de la League Cup 2025 contra Seattle Sounders. Es la historia del niño de Rosario que se volvió mito. En un mundo dominado por la inmediatez, encarnó la persistencia y la durabilidad estética. Nunca en la historia del fútbol, desde su creación hasta la actualidad, un jugador se mantuvo vigente como figura durante veinte años. Nadie. Ni Di Stefano ni Pelé ni Maradona ni nadie. Solo Messi, que ya era celebrity en el Mundial de Alemania 2006 y llegará a Estados Unidos 2026 para su último baile.
Como afirmaba Kundera, la inmortalidad larga es una construcción social que te sobrevive en el tiempo, propia de personajes como Goethe, Einstein, Nietzsche y Hemingway. Allí también tiene un lugar Messi.