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viernes, enero 9, 2026

Volver a Venezuela no es automático: por qué el petróleo no garantiza el regreso de las majors de EE.UU.

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La captura de Nicolás Maduro y el giro intervencionista del gobierno de Donald Trump reabrieron una pregunta que el mercado energético global viene formulándose desde hace años: ¿puede Venezuela volver a ser un gran proveedor de petróleo? Y, más aún, ¿están dispuestas las petroleras estadounidenses a encabezar esa reconstrucción?

La respuesta, por ahora, es mucho más compleja que el discurso político. Aunque Venezuela concentra las mayores reservas probadas de crudo del planeta, el regreso de las grandes compañías de Estados Unidos enfrenta un entramado de restricciones económicas, técnicas y de mercado que relativizan cualquier expectativa de reactivación rápida.

Un problema de escala… y de costos

En 2007, antes del proceso de nacionalizaciones impulsado por Hugo Chávez, Venezuela producía cerca de 3 millones de barriles diarios. Hoy, tras casi dos décadas de desinversión, sanciones y deterioro operativo, la producción se mueve en torno al millón de barriles diarios.

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Recuperar ese terreno no es una cuestión de voluntad política. Según estimaciones de consultoras internacionales, solo para sostener la producción actual harían falta inversiones del orden de US$10.000 millones anuales, mientras que volver a niveles históricos exigiría desembolsos acumulados que superan los US$180.000 millones en el largo plazo.

El problema es que ese esfuerzo debería realizarse en un contexto de precios del petróleo deprimidos, con el Brent y el WTI rondando los US$60 por barril, niveles que obligan a las grandes petroleras a priorizar proyectos de bajo riesgo y rápida recuperación de capital.

Un mercado que ya teme la sobreoferta

El escenario global tampoco juega a favor. La OPEP+ decidió congelar la producción para evitar un exceso de oferta, una señal clara de que el mercado no está demandando nuevos barriles de manera urgente. En ese contexto, sumar crudo venezolano implica presionar aún más una curva de precios que ya muestra fragilidad a mediano plazo.

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Para las majors estadounidenses, que hoy concentran sus inversiones en shale, offshore de alta productividad o proyectos consolidados, Venezuela aparece como una apuesta de alto costo, alto riesgo político y retorno incierto. Incluso con una eventual flexibilización de sanciones, el mercado no ofrece señales claras de absorción para un shock de oferta significativo.

Competencia interna y crudo “difícil”

A diferencia del shale estadounidense, el petróleo venezolano es mayormente extra pesado, con grados API muy bajos, lo que exige diluyentes, infraestructura específica y mayores costos operativos. Además, compite directamente con crudos similares como el canadiense, que ya abastecen con eficiencia las refinerías del Golfo de México.

Este factor técnico reduce el atractivo relativo de Venezuela frente a otros activos disponibles para las petroleras norteamericanas, que hoy pueden ajustar producción con mayor flexibilidad en sus propias cuencas.

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El fantasma de las expropiaciones

A todo esto se suma un elemento clave: la memoria institucional. ExxonMobil y ConocoPhillips aún mantienen laudos arbitrales impagos por miles de millones de dólares tras las expropiaciones de 2007. Si bien el nuevo escenario político abre una ventana de negociación, la seguridad jurídica sigue siendo una incógnita central.

Las compañías observan con cautela. Nadie quiere repetir una experiencia de inversión masiva sin reglas claras, estabilidad contractual y garantías de repatriación de capitales.

Paradójicamente, el impacto más inmediato de la eventual recuperación venezolana no sería interno, sino regional. Una expectativa de mayor oferta futura ya presiona los precios y reordena decisiones de inversión en América Latina.

Para países como Argentina, Brasil o Guyana, el factor Venezuela introduce un nuevo elemento de competencia por capital en un mundo donde la inversión petrolera es cada vez más selectiva. En ese tablero, activos con menor riesgo político y costos más previsibles ganan ventaja.

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Mucho petróleo, poco margen

Venezuela tiene petróleo. Tiene reservas. Tiene potencial. Pero hoy carece de lo que el mercado más valora: previsibilidad, eficiencia y timing. En un mundo con oferta abundante y precios ajustados, el regreso de las petroleras estadounidenses no será automático ni masivo.

Más que un “retorno triunfal”, el futuro venezolano parece encaminado a un proceso largo, selectivo y condicionado por factores que exceden largamente la geopolítica. El petróleo, por sí solo, ya no alcanza.

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