Pekín continúa refinando su ofensiva regulatoria para contener la intensa guerra de precios que sacude a su sector automotor, particularmente en el segmento de vehículos electrificados. La Administración Estatal de Regulación del Mercado publicó un borrador de directrices para poner fin a la competencia desordenada y la erosión de márgenes que caracterizaron al mercado chino.
Este movimiento no solo redefine las reglas de juego internas, sino que también proyecta un impacto significativo en los mercados internacionales, incluida la Argentina, donde la presencia de automotrices chinas creció exponencialmente en el último año.
La decisión gubernamental llega en un momento crítico para la industria automotriz china. El informe “2026 Automotive Analyst Outlook” de S&P Global Mobility, identifica el 2026 como un periodo de “competencia extrema” en el mercado chino, especialmente en vehículos electrificados.
A su vez, no define a esta guerra de precios como un fenómeno coyuntural sino estructural, con consecuencias devastadoras: una erosión generalizada de márgenes tanto en automotrices como en proveedores, la adjudicación de contratos a pérdida solo para mantener volumen y una presión creciente sobre concesionarios y cadenas de valor.
El trasfondo de esta situación es un exceso de capacidad productiva masivo, sobre todo en vehículos eléctricos, baterías y componentes clave. A pesar de los estímulos que impulsaron la demanda interna china en 2025, la capacidad instalada no fue absorbida por completo. Muchas plantas operaron muy por debajo de su nivel óptimo, con las tasas de utilización en el sector de baterías cercanas al 20%.
Ante este panorama, la exportación se erigió como una válvula de escape para aliviar la presión de precios dentro de China. El informe de S&P Global Mobility detalla cómo, a lo largo de 2025, las exportaciones chinas crecieron como una “estrategia defensiva” frente a la guerra de precios doméstica. La colocación de vehículos en mercados externos permitió a las automotrices “reducir inventarios y sostener producción, aún a precios ajustados”.
Esto coincidió con una mayor presencia de marcas chinas en mercados emergentes, donde su base de partida era muy baja. Este factor es crucial para comprender el crecimiento de la participación china en mercados como el argentino, que también tuvo sus incentivos internos para recurrir a los vehículos con este origen.
La intervención de Pekín se explica por una mirada prospectiva hacia 2026, que S&P Global anticipa como un año “más desafiante” para China. Las proyecciones incluyen una contracción de la producción tras el pico de 2025, menores incentivos fiscales y tributarios para vehículos electrificados, un efecto reducido de los planes de estímulo y una mayor presión externa por aranceles y tensiones comerciales.
Se vislumbra un cambio de paradigma implícito donde el modelo de “crecer a cualquier costo” (volúmen con márgenes negativos) está empezando a mostrar límites. Este es el marco en el que se inscribe la regulación para frenar descuentos por debajo del costo, una medida que busca la salud a largo plazo de la industria, en línea con el nuevo Plan Quinquenal.
En octubre de 2025, China excluyó los vehículos eléctricos de su lista de industrias estratégicas en su 15º plan quinquenal de desarrollo (2026-2030), la primera vez en más de una década. Esta omisión de los NEV (vehículos de nueva energía, que incluyen EV, híbridos enchufables y vehículos de pila de combustible) como industrias emergentes estratégicas, presentes en los tres planes anteriores, marca un giro.
Reuters informó que los gobiernos central y locales habían inyectado “miles de millones de dólares en subvenciones”, catapultando a China a una posición de liderazgo global en EV. Sin embargo, el nuevo plan prioriza la tecnología cuántica, la biofabricación, la energía del hidrógeno y la fusión nuclear.
El presidente Xi Jinping, en declaraciones publicadas por Xinhua, reiteró la importancia de “evitar precipitarse en el desarrollo y la inversión en las mismas ‘nuevas fuerzas productivas’”, instando a un “enfoque sólido, racional y realista”. Esto subraya la intención de reorientar el desarrollo industrial hacia sectores con mayor valor agregado y evitar el exceso de oferta que ha lastrado al sector automotor.
La normativa prohíbe explícitamente la “colusión de precios” entre fabricantes de vehículos completos y autopartes, incluyendo la fijación o modificación de niveles o márgenes de precios y el acuerdo sobre estándares unificados de cálculo. Aún más relevante es la proscripción de vender por debajo del costo de producción con el fin de “excluir competidores o monopolizar el mercado”, salvo para liquidar inventarios acumulados.
BYD, uno de los gigantes automotrices chinos, ya reaccionó a las directrices. En un comunicado, la compañía afirmó que acatará las mismas para optimizar su sistema de gestión de precios y eliminar cualquier forma de fraude de precios y competencia desleal.
Las implicancias indirectas para mercados como el argentino son considerables. Aunque el informe de S&P Global Mobility no menciona directamente a nuestro país, permite inferencias razonables: “Si China intenta recomponer márgenes, si reduce la guerra de precios doméstica, y si busca mayor disciplina comercial, los precios de exportación podrían dejar de caer con la misma intensidad, incluso en mercados pequeños”.
Esto es especialmente relevante para la Argentina, donde la participación de autos chinos, si bien aún es baja, experimentó un crecimiento notable. De los 579.405 vehículos patentados en el año, 12.726 corresponden a marcas chinas, lo que representa un 2,2% del total del mercado. Sin embargo, en los últimos meses de 2025, llegaron a significar el 5,6% del total de mercado si solo se consideran livianos. Lo más llamativo es el crecimiento exponencial: en enero de 2025, eran el 0,9% del mercado, lo que implica un aumento del 522%. Marcas como BYD, Ora, Tank, MG, GAC, Kaiyi, Geely, Changan y Forthing se sumaron a otras ya presentes como Great Wall, Haval, Jetour, Chery, Baic y DFSK.
Este auge en Argentina también se atribuye a múltiples factores internos, como la mayor apertura para importar, el cupo de electrificados sin arancel dispuesto por el Gobierno y una baja impositiva en el sector. Esto transformó el panorama local, con un crecimiento significativo de vehículos importados.
La competitividad de precios de los vehículos chinos fue un factor clave de entrada en el mercado argentino, si bien no tuvieron un diferencial como el público esperaba. Si las nuevas directrices chinas logran estabilizar o incluso elevar los precios de exportación, podría generarse una reconfiguración en la estrategia de expansión internacional de estas marcas, lo que a su vez impactaría en la oferta y los precios que llegan a nuestro país, afectando la dinámica de crecimiento observada.
