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viernes, enero 23, 2026

El mito de los siete gatos en el Cilindro: la leyenda que condicionó décadas de la historia de Racing

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La consagración de Racing Club en la Copa Intercontinental de 1967 marcó la cima deportiva de la institución de Avellaneda bajo la conducción de Juan José Pizzuti. Sin embargo, ese momento de gloria absoluta se vio empañado rápidamente por el surgimiento de una de las leyendas urbanas más persistentes.

El mito sostiene que, en medio de los festejos por el título mundial, un grupo de simpatizantes del clásico rival ingresó al Estadio Presidente Perón. Según la creencia popular, enterraron siete gatos negros detrás de uno de los arcos para maldecir al equipo y evitar que lograra nuevos éxitos.

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Durante años, la narrativa del maleficio cobró fuerza entre los socios y la prensa deportiva de la época. A medida que Racing acumulaba frustraciones deportivas y problemas institucionales, la historia de los felinos enterrados se transformaba en la explicación metafísica preferida del hincha.

En su libro Academia, carajo, el periodista Alejandro Wall reconstruye parte del folklore que rodeó a esta creencia. La idea de que una fuerza externa impedía los triunfos se instaló con tal intensidad que trascendió lo meramente futbolístico para convertirse en un estigma cultural local.

Según la creencia popular, enterraron siete gatos negros detrás de uno de los arcos para maldecir al equipo y evitar que lograra nuevos éxitos.

La búsqueda de los restos animales se volvió una obsesión para diversos cuerpos técnicos y dirigentes. Se realizaron excavaciones en el terreno de juego con el objetivo de hallar los cadáveres. Según los relatos de entonces, solo se encontraron seis de los siete cuerpos de los animales.

Impacto de los mitos en el fútbol de Avellaneda y la mística de Racing

La ausencia del séptimo gato alimentó aún más la paranoia colectiva. Esta carencia fue utilizada para justificar la racha negativa que se extendió por décadas. El club atravesó un descenso en 1983 y una profunda crisis económica, situaciones que los creyentes vinculaban con el hechizo.

El técnico Juan Carlos Lorenzo, conocido por su extrema superstición, fue uno de los que más énfasis puso en combatir el mito. Durante su paso por el club, ordenó realizar ceremonias y movimientos de tierra específicos para intentar «limpiar» el campo de juego de cualquier rastro maligno.

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En el texto Fútbol: el juego infinito, se menciona cómo estas prácticas esotéricas formaban parte del ecosistema del fútbol argentino de los años setenta y ochenta. Racing no fue el único, pero sí el caso donde la leyenda de los siete gatos negros alcanzó una dimensión pública sin precedentes.

Alfio Basile, protagonista histórico del club, siempre intentó desmarcarse de estas historias. En diversas entrevistas otorgadas a la revista El Gráfico, el «Coco» sostuvo que los resultados dependían exclusivamente de los jugadores, aunque reconocía el peso psicológico del mito en la gente.

Hacia finales de los años noventa, la situación alcanzó un punto crítico con el pedido de quiebra. Para muchos, el estadio estaba impregnado de una energía negativa difícil de erradicar. Fue entonces cuando se realizaron misas multitudinarias y procesiones religiosas dentro del Cilindro.

Estadio Presidente Perón, mejor conocido como el Cilindro de Avellaneda

La figura del cura Juan Gabriel Arias cobró relevancia en este contexto de sanación espiritual del estadio. El sacerdote encabezó celebraciones en el centro del campo, buscando exorcizar los miedos de una parcialidad que veía en la leyenda la causa raíz de todas sus desdichas civiles.

Incluso se llegó a esparcir agua bendita en los rincones más recónditos de la estructura de hormigón. Estas acciones buscaban generar un impacto anímico en los hinchas, intentando cerrar definitivamente el capítulo de los gatos negros que había dominado la conversación por treinta años.

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La historia de los siete gatos negros en Avellaneda es, en esencia, un estudio sobre la psicología de las masas en el deporte. Representa cómo un relato sin pruebas materiales contundentes puede moldear la percepción de una institución centenaria y afectar su rendimiento cotidiano.

Finalmente, el campeonato obtenido en el Apertura 2001, de la mano de Reinaldo Merlo, sirvió para sepultar simbólicamente la maldición. Con el «Mostaza» y su famoso «paso a paso», Racing logró romper la sequía de treinta y cinco años, demostrando que el éxito era posible nuevamente.

Hoy en día, el mito de los gatos es recordado más como una curiosidad histórica que como una amenaza real. Sin embargo, permanece en el registro del fútbol argentino como la superstición más famosa, un hito donde la realidad y la ficción se mezclaron en el barro de Avellaneda.

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